#ColumnaDeOpinión / Cuando al humor y la música la degradan
#ColumnaDeOpinión / Cuando al humor y la música la degradan.
#ColumnaDeOpinión / Cuando al humor y la música la degradan.
Por: Rafael Enrique López Camargo – Abogado PHD (c) en Derecho.
El arte en todas sus modalidades es placentero en su desarrollo y ejecución cuando es tratado con lenguaje decente y de altura idiomática. Si en distintos escenarios abiertos al público se degrada o ridiculiza sistemáticamente a personas por su condición física o cualquiera otra, el humor pierde su esencia y objetivo, que no es distinto al de divertir, pierde también su dignidad y decoro para dar paso a la vulgaridad desmedida, que no despierta risas o emociones, sino sentimientos encontrados y desagradables del oyente o televidente.
Una de las funciones de todo medio de comunicación masiva consiste en entretener y divertir sanamente, que debe conducir necesariamente a un momento placentero de relajación y risa respectivamente. Sin embargo, esto no es tan cierto, pues aquellos medios que pautan en la parrilla dichos espacios dejan mucho que pensar, ya que la carencia de pulcritud lingüística de los “comediantes” no tiene límites. El arte como manifestación o expresión de diferentes situaciones reales de la cotidianidad o inventadas, necesaria para la sociedad, requiere unos mínimos de eticidad, mesura y consideración, que arranque aplausos y no desaprobación y rechazo social.
Produce grima, escuchar a supuestos “artistas o comediantes” (Hombres y mujeres) en espectáculos públicos como los stand-up comedy, expresarse la mayor parte del tiempo del evento con vulgaridades y morbo hacia las mujeres, muchas veces ellas replicando, y aun así reciben aplausos y provocan carcajadas de un público que interactúa sin analizar la línea delgada que separa el humor de la vulgaridad. ¿puede considerarse humor historietas o critica satírica adornadas con groserías? Lo que resulta preocupante de lo aquí planteado, es la tolerancia social a la falta de refinamiento del supuesto humor, que degrada el discurso con adjetivos inapropiados.
La música a través de la historia constituye una forma de expresión cultural, en donde se plasman costumbres y vivencias personales, mediante sonidos estéticamente diseñados que, al interpretarse ponen en el ambiente una autentica manifestación artística. Hoy al igual que la comedia, la música también enfrenta atentados contra sus acordes y melodías, pues en los últimos tiempos, ha hecho carrera el irrespeto al ser humano y en particular a la mujer, a quien algunas letras de canciones se dirigen con falta de consideración y aprecio, llegando al extremo de objetivarlas. La música fue diseñada para alegrar el oído y animar el espíritu, así como también para expresar amores y desamores, mas no para cosificar y degradar a nadie, y se constituye también como fuente de comunicación social que trasciende fronteras, puede ser escuchada y disfrutada individual o colectivamente, según la ocasión y el estado de ánimo del melómano; quienes actúan a contrario sensu simplemente la degradan.
El impacto social que causan “cuentachistes” comediantes, cuenteros es inmediato y puede producir distintas reacciones entre el público, al igual que las sensaciones inconmensurables que provoca la música, y por tanto debe difundirse por los medios de comunicación masiva como arte digno de admiración y respeto, elevando la calidad y contenido. Se ha demostrado que la música como lenguaje universal, tiene un efecto relajante y anímico, incluso terapéutico y sanador, si esto es así según la ciencia médica, entonces ¿qué necesidad de llevarse a una dimensión de degradación? El lenguaje con características distintas, expresado a través de pensamientos y sonidos, que utilizan comediantes, poetas y cantautores, para comunicar su forma de pensar y trasmitir, deberá ser de buen gusto y estilo elegante, que no genere sanción social, incluso legal como ha sucedido en algunos países de America con canciones cargadas de vulgaridad y referencias sexuales explicitas. ¡Grosería y vulgaridad no es arte!
